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    Hablemos del duelo en los niños

    El perder a un ser querido nos genera angustia, tristeza y dolor, también la preocupación de hablar con los niños sobre ello y que en muchas familias aún sigue siendo un tabú.

    Hoy en día, ante la contingencia sanitaria ha sido más común la pérdida de nuestros seres queridos y por ello, se hace necesario dialogarlo en familia y evitar que los menores generen sus propias respuestas al respecto, o bien, se enteren por otros medios. Lo mejor siempre será tener la comunicación e información fidedigna de su familia. Para “facilitar” este proceso, te comparto 3 estrategias para abordar el duelo con los niños:

    1. Para dar la noticia del deceso. Debe ser compartida de manera pronta y por una persona que le considere cercana (tíos, abuelos). No es necesario dar todos los detalles pero sí lo relevante, y responder en el lenguaje del menor, las preguntas e inquietudes que tenga al respecto.

    2. Crear un espacio de confianza, tanto para hablar de sus dudas, como para expresar sus emociones. Si piensan que es muy duro afrontar una muerte, lo es aún más ante una mentira. La sensación del engaño sólo traerá como consecuencia perder la seguridad en su familia. No se trata de ser explícitos ni falsear la información, sólo es adaptarla a su desarrollo cognitivo y madurez emocional.

    3. No teman usar la palabra “muerte” o “muertos”, puesto es el término correcto. Así mismo, es importante se asocie a que, con ello, la persona deja de sentir, oler y en general, todo lo que implica vivir. Pero permanecen en nuestra memoria, en los recuerdos y el corazón.

    Es importante considerar que los niños pueden tener diversos cambios en su conducta y no todos responden de la misma forma. Es necesario considerar que esto forma parte del proceso de duelo y que las variaciones pueden deberse tanto a la forma en que se dio el fallecimiento, la edad, las experiencias previas e información brindadas por los padres.

    Dentro de los cambios más usuales ante una pérdida podemos encontrar:

    • Expresión del dolor mediante el juego.
    • Conductas regresivas (no querer dormir solo, usar nuevamente biberón, entre otros).
    • Miedo a morir.
    • Miedo a que fallezcan los padres u otro ser querido.
    • Enojo expresado tanto verbalmente, pero también mediante los juegos.
    • Pesadillas e insomnio.
    • Mayor necesidad de atención.
    • Miedo a estar solo.
    • Disminución de interés por las actividades que antes le gustaban.
    • Entre otros.

    Estas conductas son esperadas y “normales” para el proceso que se enfrenta, sin embargo, hay cambios atípicos y radicales de conducta que pueden requerir el apoyo de un especialista de la salud mental para guiar en este proceso, como puede ser:

    • Disminución significativa en el rendimiento escolar.
    • Conducta violenta.
    • Excesiva introversión.
    • Anorexia o comer en exceso.
    • Llorar en exceso durante períodos prolongados.
    • Rabietas frecuentes y prolongadas.
    • Frecuentes dolores de cabeza u otros síntomas físicos.
    • Imitación excesiva de la persona fallecida y expresiones repetidas de reencontrarse con ella.

    Ante estos síntomas, es necesario que la familia busque el apoyo de un especialista, así como del colegio, para brindar las estrategias que favorezcan la correcta elaboración del duelo.

    Recordemos esta frase:

    “Pero no se van del todo, porque aquello que nos han dado es nuestro para siempre”

    Por muy difícil y dolorosa que sea la perdida, nuestros seres queridos se quedan en nuestros corazones.